Bautismo

 

Bautismo, el sacramento de la iniciación en la Iglesia Católica, imprime carácter en el alma y una vida nueva en Cristo. El sacramento es una prioridad porque no podemos recibir otro sacramento antes del Bautismo. Cristo fue bautizado por Juan en el río Jordán, y mandó a sus discípulos a evangelizar a todas las naciones y bautizar a los creyentes. “De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios,” dijo Jesús a Nicodemo (Juan 3:1-21).

La Iglesia siempre ha reconocido dos alternativas al Bautismo de agua: el Bautismo de deseo y el Bautismo de sangre. El Bautismo de deseo es aplicable a todos los que quieren ser bautizados pero mueren antes de recibir el sacramento, y todos los que por causas ajenas ni conocen Cristo ni la Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y tratan en su conciencia guardar los mandamientos (Constitución sobre la Iglesia, el Concilio Vaticano II). Bautismo de sangre se refiere a los mártires que no tuvieron oportunidad de ser bautizados.

El Bautismo concede cinco gracias sobrenaturales:

1. Borra el pecado original y perdona todos los pecados.
2. Quite todo el castigo que se merece por nuestros pecados. El castigo es temporal, en la tierra o en el purgatorio, o eterno en el infierno.
3. Infunde la gracia santificante, los siete dones del Espíritu Santo y las tres Virtudes Teologales.
4. Nos hace miembros de la Iglesia y del Cuerpo Místico de Cristo.
5. Nos permite recibir los demás sacramentos y crecemos en la gracia de Dios.

El vertido de agua sobre la cabeza de la persona que recibe el Bautismo, o la inmersión en agua, mientras que el celebrante pronuncia las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,” son los elementos esenciales del sacramento. Cualquier persona, independientemente de ser bautizado y creer en Dios, puede bautizar a una persona en riesgo de vida desde que pronuncie la fórmula del Bautismo y desea el bautizado participar en el Cuerpo Místico de Cristo. Un sacerdote o un diácono pueden después administrar el Bautismo condicional.

Sólo se puede recibir el bautismo una vez. El sacramento nos predispone a la Gracia de Dios, nos otorga una promesa y una garantía de la protección divina, y una vocación a la práctica religiosa, que puede incluir el servicio en la Iglesia. El Bautismo condicional puede administrarse cuando hay alguna duda sobre el bautismo anterior. Las incertidumbres son diversas e incluyen duda cuanto a la invocación de la Trinidad, la validez del bautismo administrado por la ex religión y el uso de agua impura en el bautismo de emergencia.

En el Bautismo católico, el celebrante vierte agua sobre la cabeza de la persona, o sumergirle en agua, mientras pronuncia la siguiente fórmula:

Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En el bautismo condicional, el ministro pronuncia la fórmula adaptada:

Si no le han bautizado(a), yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La Iglesia Católica usualmente bautiza bebés. Adultos que se convierten al catolicismo también pueden recibir el bautismo, si no fueron bautizados en una iglesia protestante. Cualquier persona que no ha sido bautizado puede recibir el sacramento en la Iglesia Católica. Si hay alguna duda sobre el bautismo, la Iglesia Católica administra el bautismo condicional. Un adulto es bautizado, después de la formación religiosa adecuada en una Ceremonia Cristiana de la Iniciación para Adultos (CCIA), que incluye los sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía.

El agua y el aceite son los elementos materiales del bautismo. El agua es un signo del perdón de los pecados y de la vida espiritual. Bautismo perdona el pecado original, y el Bautismo de adultos, todos los pecados cometidos antes del bautismo. El celebrante se frota aceite en el pecho del niño para simbolizar su fuerza para las futuras luchas contra el demonio, el mundo y la carne. Más tarde les bebés ratifican en la Confirmación el Acto de la fe profesado en el Bautismo.

Los padres son los primeros educadores de la Fe. Los padrinos están a cargo, o ayudan en el desarrollo de la Fe del ahijado si los padres no pueden o son negligentes en la formación espiritual de los niños, y garantizan la promesa de educar al niño en la Fe católica. Un padrino de cualquier sexo sólo es necesario, sino que el niño puede tener un par de padrinos. En caso de emergencia, tales como la muerte inminente, no se requiere ningún padrino.

Los padres deben buscar católicos practicantes para padrinos y parientes son opciones muy viables. Un niño necesita por lo menos un padrino católico para representar a la Iglesia Católica. Un buen padrino es un católico devoto que a través de su formación espiritual ayudará el ahijado de alcanzar el reino de Dios.

“Yo soy la luz del mundo,” dijo Cristo (Juan 8:12). El Bautismo es el abandono de la oscuridad y la entrada en la Luz. La vela bautismal se enciende con la llama del cirio pascual, que simboliza la Luz de Cristo que la oscuridad no puede borrar.

El celebrante hace la señal de la cruz en la frente del niño e invita a los padres y padrinos a imitarlo. La cruz significa “el niño pertenece a Cristo.” El ministro, les padres y padrinos se reúnen alrededor de la pila bautismal, y el celebrante pide a los padres lo que quieren para su hijo(a). Ellos responden: “El Bautismo”. Entonces los padres y padrinos hacen las promesas bautismales, con base en el Credo, en favor del niño. Su traje blanco es también parte de la ceremonia como símbolo de la nueva vida del niño en Cristo. El color blanco se asocia con la vida, la pureza y la inocencia, y es un signo de la Resurrección de Cristo.

La parroquia entrega a los padres un certificado de Bautismo y señala el Bautismo en el Registro Bautismal. Les padres pueden necesitar el certificado para inscribir al niño en una escuela católica o para recibir los sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación.

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