La Samaritana

 

La historia de la Samaritana (Juan 4:4-42) es bastante reveladora. Aprendemos sobre la conversación de Jesús con una mujer solitaria que había venido a sacar agua del pozo de Jacob en Samaria. Ella era una mujer extraordinaria por su raza, despreciada por les Judios, y lo prejuicio, despreciado por su propio pueblo como inmoral.

La Samaritana, que sabía que era una pecadora, necesitaba de considerarse una persona de valor, y esta es una lección bíblica extraordinaria. Dios nos considera dignos de su amor, a pesar de nuestros pecados, nos valora para nos buscar activamente, para darnos la bienvenida a Su intimidad, y para regocijar en nuestra adoración. Sólo una persona como la Samaritana podía entender esta Gracia.

La historia contiene otras verdades valiosas:

“Jesús le respondió: ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.'”  (Juan 4:13-14)

“Jesús ministrando a los samaritanos marginados revela que todas las personas son valiosas para Dios y que Jesús desea que demostremos amor a todo el mundo … incluso a nuestros enemigos.”  (Juan 4:7-9)

“Jesús es el Mesías.”  (Juan 4:25-26)

“Aquellos que adoran a Dios, LE adoran en espíritu y en verdad.”  (Juan 4:23-24)

“Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho.’ Cuando llegaron donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.'”  (Juan 4:39-42)

“La salvación viene sólo a aquellos que reconocen la necesidad desesperada de la vida espiritual. El agua viva se puede conseguir sólo por aquellos que reconocen que son espiritualmente sedientos, confiesan y se arrepienten de sus pecados y piden perdón, y aceptan a Jesús como su Mesías, porque la salvación se encuentra solamente en él.”  (Juan 14:6)

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