Diálogo de Cristo con la Samaritana

 

Los Judios normalmente no hablaban a las mujeres en público y no se trataban con los Samaritanos a causa de animosidad. La religión de los Samaritanos era similar al Judaísmo excepto que los Samaritanos eran más liberales. Ellos aceptaban el Pentateuco, observaban ciertas fiestas judías, y anhelaban la venida del Mesías. Sin embargo, los Judios consideraban extraña la religión de los Samaritanos.

Una mujer de Samaria llegó para sacar agua, mientras que Jesús descansaba cercano del pozo de Jacob, y el Maestro se dirigió a ella: “Dame de beber.” Mientras tanto, los discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. Judios no comían alimento producido o manejado por los Samaritanos, pero tal vez los discípulos fueron influenciados por la aceptación bondadosa de Jesús de todo ser humano.

La mujer respondió a Jesús: “¿Cómo es que tú, un Judio, pide un trago para mí, que soy Samaritana?” Cristo dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber,” tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.” La mujer continuó: “¿Dónde vas a conseguir esa agua viva?” El Señor señaló que el agua era la salvación eterna.

“Vete, llama a tu marido y vuelve.” encomendó al Señor. Ella replicó: “No tengo un marido!” Cristo respondió: “Has tenido cinco maridos y el hombre que tienes ahora en realidad no es tu marido.” Entonces la mujer dijo: “Señor, me parece que eres un profeta.” La señora estaba admitiendo progresivamente que este hombre podría ser el Mesías.

El Señor ha comentado que la salvación viene de los Judios, porque Dios había concebido un plan a través de la nación hebrea. Cristo declaró entonces que la hora se acercaba cuando habría adoradores verdaderos, que pertenecen a Dios como sus hijos redimidos y que adoran consistente con la revelación divina. La adoración genuina consiste en tres elementos: (1) el objeto propio de la adoración es la Santísima Trinidad (2) la adoración debe ser en espíritu y (3) debe ser conforme a la revelación divina.

La Samarita inquisitiva ha llegada a la conclusión de que Jesús era un profeta, en la mente samaritana, el Mesías. Ella introduce el tema directamente: “Yo sé que el Mesías, Cristo, vendrá; cuando él venga nos declarará todas las cosas para nosotros. “Esta mujer cree en el Mesías, un maestro, no un conquistador militar, que estaba aún por llegar. Jesús simplemente la dijo: “Yo, él que habla contigo, soy él.” Los discípulos regresaron de la ciudad y se sorprendieron al descubrir a Jesús “hablando” con la mujer.

El siguiente pasaje bíblico se relaciona el diálogo de Cristo con la Samaritana:

“Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: ‘Dame de beber.’ Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer. La samaritana le dijo: ‘¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?’ (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos). Jesús le dijo: ‘Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría.’ Ella le dijo: ‘Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?’ Jesús le dijo: ‘El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna.’ La mujer le dijo: ‘Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua.’

Jesús le dijo: ‘Vete, llama a tu marido y vuelve acá.’ La mujer contestó: ‘Yo no tengo marido.’ Jesús le dijo: ‘Has dicho bien que no tienes marido, pues has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.’ La mujer contestó: ‘Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?’ Jesús le dijo: ‘Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será ‘en este cerro’ o ‘en Jerusalén’. Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad. La mujer le dijo: ‘Yo sé que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará todo.’ Jesús le dijo: ‘Ese soy yo, el que habla contigo.’

En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella.”  (Juan 4:7-27)

Advertisements
This entry was posted in Español and tagged . Bookmark the permalink.