Cristo en Samaria

 

“La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: ‘Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?’ Salieron de la ciudad e iban donde él. Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: ‘Rabbí, come.’ Pero él les dijo: ‘Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.’ Los discípulos se decían unos a otros: ‘¿Le habrá traído alguien de comer?’ Les dice Jesús: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga.’

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho.’ Cuando llegaron donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.’” (Juan 4:28-42)

La samaritana dejó su cántaro en el pozo de Jacob y entró en la ciudad. Ella afirmó haber conocido a un hombre “que le dijo que todas las cosas que ella ha hecho.” Entonces ella preguntó a los ciudadanos de la comunidad: “¿Cristo no podría ser, podría?”

Los habitantes de Sicar se marcharon de la ciudad para el pozo de Jacob para encontrarlo. Mientras tanto, los discípulos trataron de persuadir a Jesús a comer de la comida que habían traído. El Señor sabía que la educación de sus discípulos en este momento era más importante que su hambre. Explicó: “Yo tengo alimento que me trasciende: para cumplir con el plan para cual Dios me ha enviado.”

Jesús pasó dos días en Sicar enseñando a la gente honesta de la comunidad. El evangelista dice que muchos Samaritanos creyeron en Jesús y estaban sujetos más importantes para la evangelización. Ellos creían inicialmente con base en el testimonio de la mujer. Las mujeres no podían actuar como testigos legales, pero su testimonio fue tan poderoso que trascendió la barrera cultural. Los Samaritanos disfrutaron dos días preciosos con Dios porque seguían pidiéndole para quedarse con ellos. Se dieron cuenta de que Jesús era el Salvador del mundo. Él era su Salvador también!

La Iglesia primitiva se dio cuenta del éxito del evangelio entre los Samaritanos.

“La gente escuchaba con atención y con un mismo espíritu lo que decía Felipe, porque le oían y veían las señales que realizaba; pues de muchos posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados. Y hubo una gran alegría en aquella ciudad.”   (Hechos 8:6-8)

“Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.” (Hechos 8:14-17)

 

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