ORGULLO

 

El orgullo es el pecado de los pecados. Fue este pecado, que transformo Lucifer en Satanás, el diablo para quien se creó el Infierno. Fue también el pecado del orgullo cometido por Adán y Eva que introdujo la muerte y el sufrimiento en el mundo. “El orgullo es el principio de todo los pecados,” escribió San Agustín de Hipona (354-430). La serpiente que introdujo por la primera vez Eva a este pecado de orgullo fue el mismo Satanás, deseoso de compartir con los demás su condenación.

El pecado del orgullo es una preocupación excesiva por uno mismo. Por ejemplo, consideremos la búsqueda del conocimiento. Es bueno estudiar mucho porque el Señor lo quiere ― la obediencia a Dios. Es también bueno estudiar mucho porque queremos ayudar a la gente ― el amor por los demás. Sin embargo, es malo estudiar mucho sólo para convertirse en expertos en nuestros campos. El objetivo es el propio estudiante – la gloria personal – y eso es orgullo. El conocimiento para la gloria personal conducirá al orgullo y la enemistad contra Dios y al prójimo.

El pecado del orgullo es lo principal entre los siete “pecados capitales” porque es el “pecado del diablo.” Debemos examinar cómo el orgullo se manifiesta en nuestros pensamientos y vidas para lo sustituir por la celestial virtud celestial de la HUMILDAD.

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